Todo menos un santo | Jaime Guzmán, ideólogo de la Dictadura.

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A días de que se diera a conocer la detención en México del ex frentista, Raúl Escobar Poblete, “Comandante Emilio”, prófugo desde 1996, cuando escaparon de la cárcel de alta seguridad a bordo de una canasta que colgaba de un helicóptero (vuelo de justicia), por ser uno de los autores del asesinato, “ajusticiamiento”, al que fuera el fundador de la UDI y por entonces Senador, Jaime Guzmán, se ha montado una campaña mediática por “santificar” a quien fuera un de los más importantes colaboradores e ideólogos intelectuales de la Dictadura cívico-militar, el cual sin embargo fue un “obsesivo y fanático anticomunista, fue uno de los principales responsables de la violación de los derechos humanos perpetrada por la dictadura. Indujo a la Junta Militar a actuar con la mayor dureza. En una primera etapa negó la existencia de los atropellos. Después frente a las abrumadoras evidencias, hizo uso de todos los artilugios argumentativos posibles para justificarlos. Pese a su catolicismo extremo, no vaciló en criticar duramente a la jerarquía eclesiástica por defender a los marxistas y desplazar de su cargo al cardenal Silva Henríquez. Se preocupó especialmente que se dictara una ley de amnistía para asegurar la impunidad. Llegó a vincularse estrechamente con personajes tan deleznables como Paul Schäfer, apoyando la represión. Aunque, moralmente debía oponerse a tanta tortura y muerte, guardó silencio. No quiso arriesgar su calidad de eminencia gris del régimen para lograr su gran objetivo de cambiar radicalmente la institucionalidad del país. No podía perder la oportunidad de establecer, al amparo de una despiadada dictadura, un nuevo marco institucional que asegurara un sistema capitalista, conservador, autoritario e inamovible.”

Sobre la mujer conocida es su postura en contra de ellas como sujeto de derechos, siendo famosa su frase “debían tener el hijo aún si aquello les provocaba la muerte” como corolario de su conservadurismo católico.

Memoria viva nos recuerda a Guzmán también como uno de “los primeros civiles en ponerse a disposición de los militares. No ejerció cargo de autoridad en el gobierno, pero operó en las sombras; al principio, como principal asesor y consejero de la Junta Militar y de Pinochet -a quien incluso le escribía sus discursos- y, tiempo después, como miembro de la Comisión de Estudios de la Nueva Constitución y luego de la Comisión de Estudios de Leyes Orgánicas Constitucionales, que dieron sustento jurídico al régimen.

Sólo días después del golpe de Estado, en una de sus primeras minutas a la Junta, Guzmán marcaba la pauta de la brutalidad con que actuaron los servicios de seguridad: “El éxito de la Junta está directamente ligado a su dureza y energía, que el país espera y aplaude. Todo complejo o vacilación a este propósito será nefasto. El país sabe que afronta una dictadura y lo acepta… Transformar la dictadura en dicta-blanda sería un error de consecuencias imprevisibles”.

El fundador del gremialismo y miembro de Patria y Libertad (entre 1970 y 1972), tenía en mente desde los inicios del régimen la creación del movimiento que en 1983 se convirtió en la UDI, un partido a la medida del régimen. De hecho él mismo lo definió como “un nuevo movimiento cívico-militar que respalde a la Junta y dé prolongación fecunda y duradera a su gestión”, cuando propuso su creación, en otro memorando a la Junta fechado en octubre de 1973. Tiempo después, en 1978, los gremialistas se declararon abiertamente pinochetistas.

Fue así que el gremialismo -y UDI después- se levantó como el principal grupo de poder de la dictadura. La historia se encarga de confirmarlo. Los nueve senadores de la UDI en ejercicio fueron funcionarios de Pinochet y la mayoría de sus diputados fueron alcaldes designados o directivos de la Secretaría Nacional de la Juventud. Todos los presidentes que la UDI ha tenido fueron también funcionarios del régimen: Julio Dittborn fue director de Pro Chile, director de la Refinería de Con Con y subdirector de Odeplan, Jovino Novoa fue subsecretario de Gobierno y Pablo Longueira fue asesor del ministerio de Vivienda y Urbanismo.”

Es así lo que se oculta sobre la vida y obra de Jaime Guzmán, un personaje cuyo legado ha sido la desigualdad social que impera hasta hoy día.

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