ORIFLAMA: EL TESORO QUE LLEVA MÁS DE DOS SIGLOS EN LA COSTA DEL MAULE.

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Historia del Oriflama

El Oriflama fue construido en Toulon, el año 1743 por el ingeniero y constructor Pierre Blaise Coulomb (1699-1753), miembro de una destacada familia de constructores navales franceses. Sirviendo a la Armada francesa hasta abril de 1761, momento en que fue capturado por los ingleses —que se encontraban en guerra contra Francia— en 1756. No fue utilizado en su armada, si no que se convirtió en un navío mercante, llegando en 1761 al poder de los españoles –en el período del Rey Carlos III–. En España continúo siendo un navío mercante, recibiendo el nombre de “Nuestra Señora del Buen Consejo y San Leopoldo”, aunque siempre conservó su alias “El Oriflama”.

El Oriflama poseía las siguientes dimensiones: 41,3 metros de eslora; 40,18 metros de quilla; 10,78 metros de manga; 4,0 metros de plan; 5,16 metros de puntal y 1,72 metros de entrepuentes, con un desplazamiento de 1,500 toneladas.

El lugar de destino del Oriflama era el puerto de El Callao, en Lima, Perú. Su cargamento era muy variado. Iba desde finas joyas, fierro, telas, herramientas y mercadería en general. Se destaca una invaluable cristalería fina de la Fábrica Real de España. El propósito de esta mercadería era ser vendida en el virreinato del Perú. Su contenido correspondía a 628 toneladas de una carga que incluía una caja con bienes personales de Mateo de Toro y Zambrano, unos 10 metros cúbicos de libros de la época, violines y muebles.

Joseph de Zavalsa, se había comprometido –bajo pena de multa– a viajar directo hacia el puerto de la mar del sur, sin parar en ningún otro puerto, así de importante era para la corona española la carga del Oriflama.

Representación artística.

Después de cinco meses de haber zarpado, el Oriflama fue visto por el navío español San Joseph, a cargo de Juan Esteban de Ezpeleta, a unas 120 millas al sudeste de Valparaíso. Este dio la orden de disparar cañonazos al aire e izar una bandera en señal de aviso, no obstante el Oriflama no atendió a las señales. Frente a esto, se envía un bote a indagar el barco, el cual da cuenta del estado desastroso que presentaba la tripulación.

Lo que había sucedido es que –a poco navegar– se produce, entre la tripulación, una misteriosa epidemia que generó una horrible mortandad, la que se intensificó por falta de comunicación con tierra y que se sumó a una escasez de alimentos que llevaron a una gran hambruna.

A eso del mediodía de julio 27 del 1770 y con horrible tempestad de viento y agua, el Capitán Feliciano Lottelier observó el navío que venía por la costa y que al acudir con gente a la orilla del mar, ya estaba encallado sobre la misma reventazón cerca de la desembocadura del río Huenchullami: desarbolado a ras de cubierta con la popa separada de la proa y con cerca de ocho hombres en el bauprés pidiendo socorro. Así, el Oriflama y su tripulación desaparece para siempre en medio de una violenta tempestad que no permitió brindar ayuda alguna, con pérdida de control y hundiéndose en nuestras aguas luego que la tripulación fuera prácticamente aniquilada presa del hambre y el escorbuto.

Aparecieron sobre la playa –al día siguiente– algunos cajones y fardos, fragmentos del casco y arboladura junto a doce cadáveres.

Luego de ocho meses del naufragio –el 8 de Marzo de 1771– llegó al paraje de Huenchullami, desde Lima, Juan Antonio de Bonachea con 9 marineros y 3 buzos expertos, bajo órdenes directas del Virrey Amat de encontrar los restos y su cargamento a cualquier costo. No obstante los esfuerzos, estos no aparecieron y se informa que durante el tiempo que se encontraron en el sitio no se había observado la mar tranquila por tres días. Por lo tanto, se hacía casi imposible el rescate aun cuando se encontrara la carga. Así se da por finalizada la búsqueda los primeros meses de 1772.

Investigación, descubrimiento y rescate del “Oriflama”

Fueron muchos años de revisión de documentos históricos para reconstruir la impresionante historia de este barco francés que llevó a su tripulación a un dramático final, y junto a ellos un precioso cargamento. El historiador Mario Gisande –miembro de la Academia de Historia Naval y Marítima de Chile– fue el hombre encargado de reconstruir la historia de este barco del 1770. Esta investigación la centró en Chile, puntualmente en el Archivo Nacional, donde identifica las primeras pistas sobre “Oriflama”, por medio de las crónicas de Enrique Bunster, Benjamín Vicuña Mackenna, LeDantec, Luis Risopatrón y Francisco Vidal Gormaz, entre otros destacados escritores.

Según comenta Gisande: “revisé decenas de volúmenes de documentos para compenetrarme de la realidad chilena del siglo XVIII, en cuanto al comercio y al entorno geográfico del lugar en que ocurrió el naufragio“, agregando: “cuando encontré la documentación relativa al ‘Oriflama’ me percaté de su real importancia. Este puede ser el único navío de guerra francés hundido en nuestras aguas y también el único barco cargado de tesoros que sucumbió en la costa occidental de todo el océano Pacífico“.

El descubrimiento de Gisande generó gran interés de un empresa chilena que es especializada en la investigación y el rescate de alto valor histórico: “Oriflama S.A”. Así, esta empresa y el historiador expandieron su investigación e indagaron en Archivo de Indias de Sevilla (España), pasando luego por Archivo Nacional de Lima (Perú), para llegar a los Archivos Documentales Coloniales de la Habana (Cuba) y de Ciudad de México: revisando más de 20.00 páginas de actas, cartas de la época y para la validación de los datos históricos tuvo que constituirse en el lugar donde sucedieron los hechos.

Se efectúan estudios geofísicos con magnetómetros de protones y vapor de cesio, que ayudaron a detectar la presencia de metales y otros cuerpos sólidos en la profundidad del mar. Los datos entregados por medio de estas tecnologías se agregaron a las lecturas dadas desde el mar por una moto de agua que contenía equipos de posicionamiento satelital (GPS).

De esta manera el los esfuerzos realizados tanto en lo logístico como en lo tecnológico adoptó la idea de identificar la ubicación exacta de la embarcación.

El lugar de estudio se ubica en las afueras de la desembocadura del río Huenchullami, costa de la VII Región de Chile, en las campañas de terreno el campamento de operaciones ha sido determinado en la playa La Trinchera.

Corría el año 2006 y Rosales y Guisande consiguen tocar el barco con tubos de un sondaje. Lo que ha permitido que los especialistas hayan determinado que la embarcación está a 9 metros de profundidad bajo la superficie, está enterrado en la arena, y no en el mar, a 50 metros de la playa de La Trinchera.

Según el equipo a cargo de José Luis Rosales, el barco se encontraría partido en dos, pero íntegro y en un buen estado, de acuerdo con Guisande “el Oriflama está en perfectas condiciones, como si se hubiese hundido ayer…”. Por esto último es que se estima recuperar casi la totalidad del barco y su carga.

Rosales señala “este proyecto se ha transformado en parte importante de mi vida y me ha ido aportando formación y conocimiento. A través de él he conocido mucha gente valiosa que nos ha prestado ayuda desinteresadamente, solamente con el ánimo de sacar adelante esta enorme tarea y confiando en el éxito final’’.

Rosales comenta que “… lo más importante es que efectivamente encontramos el barco, lo cual quedó confirmado por la obtención de una gran variedad de fragmentos y partes que se obtuvo de los sondajes realizados…

Rosales reconoce como lo más complejo en este proceso el lograr permisos del Estado para rescatar el Oriflama, las cuales comienzan luego de que se cuente con la aprobación del proyecto por parte del Consejo de Monumentos Nacionales. Frente esto la empresa “Oriflama S.A” decide presentar un recurso de protección para lograr recuperar los restos del galeón.

Entonces, ¿qué sucedió ese recurso?

La disputa por el galeón hundido hace 250 años en Curepto con un tesoro.

La Corte de Apelaciones de Talca, luego de varios años de discusión, rechazó el recurso de protección que presentó la empresa “Oriflama S.A.”, el cual tenía como propósito recuperar los restos del galeón hundido en la comuna de Curepto hace casi 250 años. Por tanto, no se le permite la extracción de los restos del naufragio y su cargamento. La justificación que da la corte son los siguientes:

1. El Recurso de Protección es una acción Constitucional que cautela derechos, que tengan la calidad de indiscutidos, y en este caso hay una discusión respecto del derecho de propiedad que presume “Oriflama S.A.” respecto de los restos náufragos, ya que tanto el Consejo de Defensa del Estado (CDE) como el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) han señalado que es el Estado el único dueño de los restos náufragos, por tratarse de piezas arqueológicas, que constituyen en conformidad con la Ley N° 17.288 Monumento Arqueológico y Monumento Histórico, en virtud del Decreto N° 311 de 1999, del Ministerio de Educación.

2. Reconoce el efecto relativo de las sentencias establecido en el artículo 3 del Código Civil, ya señalado por el CDE el año 2009, por lo que las pretensiones de propiedad sobre los restos náufragos que tiene “Oriflama S.A”, declarados por el Tribunal de Curepto por prescripción adquisitiva, no son oponibles al Fisco de Chile al no haber sido emplazado en dicho proceso.

El tesoro del Oriflama ha creado un rico bien patrimonial entre los maulinos, quienes por décadas han traspasado –de generación en generación– las leyendas sobre al navío mercante que con fecha 27 de julio del 1770 finalizó su viaje, hundiéndose en las costas de Curepto.

Las investigaciones de la empresa marítima Oriflama S.A. señalan que la embarcación zarpó desde España hacia Perú con una enorme cantidad de fina cristalería, cuchillería, muebles de lujo, fierros, cañones y vestuario decorado en oro, alcanzando una carga de aproximadamente 680 toneladas, de ellas ya se han podido extraer fragmentos de cristal y trozos de madera.

Objetos hallados en el sondaje, esta vitrina y los objetos se encuentran en el Museo Histórico Religioso de Curepto.

El año 2004 el grupo de cazatesoros, compuesto por geólogos, biólogos marinos, abogados, ingenieros y cuatro cazadores de meteoritos, reclamó la embarcación como propia, en esa instancia el Juzgado de Letras de Curepto falló a su favor. Sin embargo, años después esto fue anulado, dado que la Contraloría determinó a la embarcación como monumento arqueológico.

Ante este nuevo fallo, la organización pide permisos para extraer bienes del barco al Consejo de Monumentos Nacionales y la Dirección General de Territorio Marítimo y Marina Mercante, quienes se negaron lo solicitado.

Ante la negativa, la organización presentó un nuevo recurso de protección ante la Corte de Apelaciones de Talca, quienes nuevamente resolvieron rechazar dicha solicitud, asegurando que no se ha realizado ninguna ilegalidad al no permitir sacar la embarcación con su carga.

Tras esto, el gerente general de Oriflama S.A, José Luis Rosales, declara en La Tercera que “esto es un fallo que nos desfavorece y también lo hace con todas las personas que tienen interés de que ese barco finalmente se saque, saber qué hay adentro y disfrutar de los elementos que contenía”, agregando “no descartamos recurrir a la Corte Suprema o iniciar alguna otra acción judicial”.

Mientas que desde el Consejo de Monumentos Nacionales, la secretaria técnica Ana Paz Cárdenas, en el mismo medio, detalló que “con el dictamen, la empresa ve obstaculizadas sus pretensiones de dominio y extracción del patrimonio existente (…) este fallo es de gran importancia para el CMN, ya que la conservación de los vestigios de restos náufragos nos ayudan a conocer parte de nuestro pasado”.

Fuentes:

Aicardi, C. (2012). Al rescate del Oriflama. Revista Enfoque. Extraído el 12 de febrero del 2017, disponible en: http://beta.revistaenfoque.cl/reportajes/item/252-al-rescate-del-oriflama

Bellido, E. (2003). Los cazadores del navío perdido. La Nación. Extraído el 12 de febrero del 2017, disponible en: http://www.lanacion.cl/los-cazadores-del-navio-perdido/noticias/2003-06-14/190728.html

Cárdenas, A. (2016). Corte de Apelaciones de Talca: Rechaza recurso de protección presentado por Oriflama en contra del CMN. Consejo de Monumentos Nacionales. Extraído el 12 de febrero del 2017, disponible en: http://www.monumentos.cl/consejo/606/w3-article-63304.html

Riquelme, P. (2016). Corte de Talca impide extracción de galeón español que tendría monedas de oro. La Tercera. Extraído el 11 de febrero del 2017, disponible en http://www.latercera.com/noticia/corte-de-talca-impide-extraccion-de-galeon-espanol-que-tendria-monedas-de-oro/

Muñoz, G. (2016). La disputa por el galeón hundido con un tesoro hace 250 años en Curepto. BioBio Chile. Extraído el 11 de febrero del 2016, disponible en: http://www.biobiochile.cl/noticias/nacional/region-del-maule/2016/06/30/justicia-niega-a-empresa-reflotar-y-aduenarse-de-galeon-hundido-hace-250-anos-en-curepto.shtml

Nautica Jonkepa (2010). El Oriflama. Enseñanza Náutica. Extraído el 11 de febrero del 2017, disponible en: https://nauticajonkepa.wordpress.com/2010/03/14/el-oriflama/

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