Pensando política desde El Maule, en un Chile centralizado.

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En 1810, un grupo de chilenos criollos (hijos de españoles nacidos en Chile) y mestizos (hijos de españoles e indígenas nacidos en Chile), producto de los conflictos de poder por los privilegios que tenían los colonos españoles en Chile, iniciaron el proceso de independencia de nuestro país.

Una de las grandes ideas presentes en este proceso, era que el poder debe residir en el pueblo. Desde entonces y hasta la actualidad, Chile ha experimentado una multiplicidad de movimientos sociales y políticos los cuales han buscado incrementar la participación ciudadana en las decisiones políticas y la protección de los derechos humanos.

Pero ¿qué significa que la soberanía radique en el pueblo hoy en día? Y, sobre todo, ¿cómo podemos situar esa discusión desde y en el Maule?

Si hablamos de participación ciudadana, diremos que su situación actual tiene mucho que ver con la dictadura militar chilena, puesto que la escasa participación ciudadana en Chile y la limitada democracia que se heredó de la dictadura de Augusto Pinochet son dos de los problemas más significativos que enfrenta el país.

A pesar de algunos avances en la materia, la ciudadanía sigue sintiendo que sus demandas y necesidades no son atendidas por las instituciones políticas y que existe una distancia significativa entre ellas y la población.

Esto ha generado una sensación de desconfianza en la democracia chilena y ha impulsado la necesidad de cambios profundos en la forma en que se concibe la participación ciudadana y la democracia en el país.

La descentralización es una de las principales problemáticas que enfrenta Chile, un país altamente centralizado.

La Región Metropolitana y la de Valparaíso son el núcleo de las decisiones políticas que se toman en todo el país, lo que provoca una concentración de los recursos económicos, servicios, infraestructura y oportunidades en dichas regiones.

Esto, a su vez, debilita la participación y el poder que las regiones del país pueden tener sobre su propio desarrollo.

En el caso de la Región del Maule es importante destacar que, a pesar de tener una economía débil, altos niveles de ruralidad, desocupación y pobreza, se ubica en el puesto número 10 a nivel nacional en términos de participación ciudadana, según el Ranking Nacional de Participación Ciudadana 2020.

Sin embargo, el Índice de Descentralización de América Latina y el Caribe (IDLAC) 2020 la ubica en la posición número 12 de 16 regiones del país en términos de descentralización política.

Es evidente que el Maule aporta mucho más de lo que recibe, tanto en términos de asignación de recursos como en distribución de poder, acceso a servicios y participación política.

Según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en el año 2020, la Región del Maule aportó aproximadamente el 6,3% del Producto Interno Bruto (PIB) de Chile, lo que la convierte en la sexta región más importante del país en términos económicos, pero lamentablemente, esa relevancia poco se condice con los recursos, autonomía y capacidades que posee la Región.

Si respondemos a las razones anteriores y a los datos mencionados, diremos que es necesario trabajar en una descentralización efectiva que permita una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones y en la gestión de recursos en temas relevantes para el desarrollo de la región. Esto permitiría un mejor aprovechamiento de los recursos y una distribución más equitativa de los mismos.

Además, es fundamental que se promueva el desarrollo económico de la Región del Maule, generando oportunidades para la creación de empleo y una economía más diversificada y sostenible. Esto podría lograrse, con un estado más robusto, que permitiera invertir desde lo local, con nueva infraestructura y programas que fomenten la innovación y el emprendimiento.

Así, posibles objetivos prioritarios en el Maule son el fortalecer, construir y articular emprendimientos locales y expresiones políticas con una perspectiva territorial. Es necesario contribuir con acortar las brechas que profundizan las desigualdades entre el Centro y las Provincias y, sobre todo, es necesario avanzar hacia mayores grados de autonomía y soberanía regional.

Hoy, ya no es 1810, sin embargo, según datos del INE, Región Metropolitana sigue concentrando casi la mitad de los servicios, centros culturales y la mayoría de las universidades del país, y peor aún, según datos de la OCDE, Chile sigue teniendo una estructura político-administrativa excesivamente centralizada.

En conclusión, es necesario un cambio profundo en la forma en que se han venido tomando las decisiones en Chile y, desde nuestra perspectiva, en la Región del Maule.

Es hora de pensar en un modelo de desarrollo más descentralizado y sostenible que permita una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones y que promueva la creación de empleo y una economía diversificada y sostenible en la región. Solo así podremos avanzar hacia una sociedad más justa y equitativa para todas las regiones del país.

Por Catalina Salazar y Ricardo Venegas, Asamblea Popular por la Dignidad

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