La invisibilización de les estudiantes en pandemia y las presiones de un gobierno que les atormenta.

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Parecieran inútiles los detergentes y su alba propaganda feliz, inútil el refregado, inúti­les los sueños profesionales o universitarios para estos péndex de última fila. Olvidados por los profesores en las corporaciones mu­nicipales, que demarcan una educación cla­sista, de acuerdo a la comuna y al estatus de sus habitantes. Herencia neoliberal o fu­turo despegue capitalista en la economía de esta “demos-gracia”.

Lemebel – La esquina es mi corazón (o los New Kids del bloque)

El distanciamiento físico como consecuencia de la pandemia ha traído consigo una serie de dificultades que afecta diferentes formas y en distintas aristas de nuestras vidas. Ha mostrado cómo el sistema de salud ha agudizado todas sus falencias, como les trabajadores han tenido que enfrentar la crisis económicas asumiendo los costos de la misma y así, un sinfín de otras complicaciones.

Desde el comienzo de la crisis sanitaria las medidas tomadas por el régimen de Piñera afectaron directamente a los establecimientos educacionales, si bien el 15 de marzo del año 2020 se anuncia la suspensión de las clases, desde el Ministerio de Educación se han observado grandes y graves dificultades a la hora de tomar decisiones e implementar medidas y/o dar dirección al trabajo en los colegios, teniendo estos que improvisar e ir aprendiendo en el camino. El interés de la cartera de educación ha sido de un tiempo a esta parte ganar el ‘gallito’ de retomar la presencialidad.

Es evidente que el actual contexto de pandemia afecta a la sociedad en su conjunto, sin embargo, la infancia y la adolescencia son un grupo de la población altamente invisibilizados, como consecuencia del adultocentrismo característico de nuestra sociedad. La importancia que tiene el cuidar la salud física no es cuestionada, pero no necesariamente existe el mismo sentir por el cuidado de la salud mental en les estudiantes, quienes -durante todo este año pasado- experimentaron una serie de cambios y eventos disruptivos socialmente como consecuencia del confinamiento: no pudiendo asistir a clases y suspendiendo encuentros con amigues y compañeres -vital para el desarrollo de los seres humanos-. En esta misma línea, vieron mermadas sus posibilidades de actividades cotidianas como conversar, jugar, conocer otres niñes/adolescentes. Tuvieron -inevitablemente- que saltarse hitos y procesos de cierre como las licenciaturas o el último año en el colegio. Todo esto tiene componentes que podrían generar complicaciones desde el punto de vista emocional: angustia, irritabilidad y desregulación emocional.

Pero, a todo lo anterior, se suma el componente de clase, donde les niñes y adolescentes más pobres se encuentran en desventajas frente a aquellos que cuentan con más recursos económicos para enfrentar la crisis y el estudio. Así, niñes que viven en situación de hacinamiento tienen limitados los espacios para poder moverse, para poder jugar, realizar ejercicio y también para el cumplimiento de sus actividades académicas, pues los problemas de viviendas en Chile son brutales.

Si pensamos en quienes viven en regiones con altos índices de ruralidad -como es el caso de la Región del Maule- a los anteriores problemas se les suma las complicaciones de conectividad que imposibilita la comunicación con pares y dificulta el desarrollo académicas: un ejemplo más de la profunda desigualdad que tiene Chile en materia de educación (y en materia de un largo etcétera).

Pero, ¿y qué hace el régimen de Piñera? Este criminal gobierno insiste en retomar las clases presenciales, lo cual sabemos no se realiza con un interés educativo, sino más bien busca liberar a les cuidadores para que salgan a trabajar, a fin de mantener la economía y ampliar la mano de obra. Además, ha sido evidente odio de clase hacia les docentes, a quienes se les ha atacando, cuestionado e invalidado sistemáticamente por considerar riesgosa la vuelta a clases, sin hacer eco de sus propuestas, sin buscar formas y estrategias para hacer frente al estudio a distancia, que por ahora resulta ser la forma más segura, pues hemos visto cómo a corto andar muchos colegios que volvieron con clases presenciales tuvieron que suspenderlas.

No se han inyectado recursos en los establecimientos, lo cual grafica un fuerte abandono de la educación pública. No hay interés del régimen por aumentar los elementos tecnológicos en educación para el estudio a distancia (ni hablar de infraestructura), tampoco soluciones reales a los problemas de conectividad de les estudiantes y -mucho menos aún- de les docentes que están sosteniendo la educación pública con sus propios recursos y con bastante ingenio a pesar de la odiocidad del gobierno.

Y la infancia y la adolescencia ahí, silenciada ¿Qué pensarán les niñes? ¿Qué pensarán les adolescentes? ¿Cuáles serán sus miedos, sus preocupaciones, sus deseos, sus necesidades? ¿Qué -aparte de las cuestiones materiales evidentes- necesitan para hacer frente a este segundo año académico tras las pantallas? ¿se les preguntado? ¿se les ha hecho partícipe?.-

Por: Sole.

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